Néstor Vega Jiménez
Esta es una sesión solemne, pero es una reunión como esa hace 58 años entre amigos.
Por ello, estimados Juan María y Augusto; estimadas Glorita, María, Isabel y María Eugenia
de Mora, Secretaria del IECH.
Queridas Socias y Socios Fundadores, Ex presidentes y ex presidenta.
Apreciados socios y socias,
Amigos y amigas:
Entre los tesoros que tenemos aquí en la Casa de Benalcázar se cuenta una Virgen de la
Escuela de Legarda. Es una estatua en tamaño casi natural que puede ser apreciada con una vista privilegiada desde las gradas
(si no la conocen no dejen de hacerlo cuando se termine este acto). Esta iconografía, considero, es el símbolo de la ciudad.
Incluso en mayor medida que el escudo que miramos en el Ejido, que la bandera azul y grana o el himno que entonaremos al despedirnos
esta noche.
De alguna forma creo que nuestro instituto está tan ligado a nuestra ciudad como a nuestra
patrona.
No es esta Virgen una como otra cualquiera, al igual que el pueblo al que protege, esta
imagen tiene particularidades especiales que pueden pasar desapercibidas a primera vista.
En primer lugar es una Virgen del Apocalipsis y en segundo lugar, y esto es lo que más
me gusta ya que permite volar mi imaginación, es que es la única Virgen alada de las Américas. Parafraseo a Hernán Rodríguez
Castelo: La Virgen de Quito tiene por peana nada menos que la luna y pisotea a la serpiente irguiéndose, casi levitando con
gracioso movimiento que parece agitado por un aire suave, por lo que algunos la llaman “la bailarina”. ¿Conocen
ustedes patrona más poética? Calmados y aparentemente imperturbables podemos dar los quiteños muchas sorpresas a quien no
nos conozca bien.
Al igual que las realidades de nuestro pueblo, la Virgen es producto de una coyuntura
complicada con visiones teológicas diferentes y espejo de todas nuestras costumbres y cultura, no es una mera copia de algo
ya existente sino producto de una síntesis de creencias y de ideas que gravitaron el Viejo Continente, desde el siglo VIII,
y que al llegar aquí se nutrieron con simbologías americanas, dando lugar a algo nuevo y antiguo a la vez; y siempre UNICO.
En la cultura hispana se respira como en ninguna otra el lazo entre el pasado y el futuro.
Partimos de interpretaciones americanas de algo español y ahora, gracias también a nuestras raíces precolombinas, somos identidades
y culturas diversas con un fuerte nexo.
Podría contarles cómo comenzó todo, cómo ha evolucionado nuestro Instituto para pasar
de congregación a institución, como han cambiado las necesidades y los gustos; pero preferiría que nuestros ilustres invitados
de hoy se encarguen de eso y que cada uno cuente su historia en primera persona. Yo más bien veo que mi misión de esta noche
y de cada semana es hacerles sentir como en casa en la Casa de Benalcázar.
Es indudable sin embargo, que el Instituto debe su posición actual a las instituciones
y personas que le han apoyado. Quiero agradecer de manera muy especial a tres instituciones que han sido a lo largo de los
años puntales para el IECH, estas son: la Embajada de España, representada aquí por el señor Embajador Don Juan María Alzina
de Aguilar, que nos ayudaron con la restauración de esta casa y que por muchos años también apoyó económicamente al IECH;
el Municipio Metropolitano de Quito cuya representación la tiene el Dr. Augusto Abendaño, Director Metropolitano de Educación,
Cultura y Deporte, que son los dueños de la Casa y cuyo Fondo de Salvamento nos permite hacer adecuaciones y un mantenimiento
a la misma; y la Subsecretaría de Cultura, con la señora María Jaramillo Directora Nacional de Cultura, que actualmente a
través de un convenio nos permite tener una rentas para seguir con nuestra tarea. Sin su sostén nuestro trabajo hubiera sido
imposible y les reiteramos nuestro compromiso y alianza para seguir de igual manera a futuro.
Somos perfectamente conscientes de que este trabajo se apoya en los fuertes hombros de
ilustres socias y socios fundadores: Carlos Manuel Larrea, Cristóbal de Gangotena y Jijón, José Federico Ponce, Carlos Ponce
Martínez, Camilo Ponce Enríquez, Francisco Guarderas, Jaime Guarderas, Dálton Camacho Navarro, José María Avilés, Luis Alfonso
Ortiz Bilbao, Vicente Tibau Salazar, y de manera muy especial en el resguardo de aquellos y aquellas de ese primer grupo que
nos acompañan hoy: Rebeca Plasencia Caicedo, Isabel Robalino Bolle, Fernando Barba Donoso, Cristóbal Barba Donoso, Jaime Dousdebés
Carvajal, Jorge Salvador Lara y Guillermo Burgos Montalvo.
Con conocimiento de causa y victima voluntaria de la pasión por la cultura hispana y
por esta casa en nuestra ciudad de Quito quiero hacer honor a los y las integrantes de cada directiva y en particular a quienes,
como yo, han sido honrados con la confianza de la Presidencia: Carlos Manuel Larrea, José Gabriel Navarro, Gonzalo Zaldumbide,
Julio Tobar Donoso, José Rumazo González, Jorge Luna Yépez, Manuel Mantilla Mata, Luis Alfonso Ortiz Bilbao, y en especial
igualmente a Alfonso Barba Chiriboga, Jaime Aguilar Paredes, Enrique Muñoz Larrea, Rodrigo Fierro Benítez, Bolívar Chiriboga
Valdivieso, Agustín Vaca Ruiz y Juan Gabriel González Sánchez. No puedo dejar de hacerle una atención especial a mi madre,
Mercedes Jiménez de Vega, ex presidenta y “culpable” de mi relación con la institución.
Para ver la dimensión de nuestra tarea y la importancia de apoyarnos mutuamente es elemental
recordar que existen 380 millones de hispano hablantes en el mundo. Que la cultura hispánica está presente en 24 países y
que ha dado luz, o mejor dicho palabra, a 10 premios Nóbel de literatura 5 españoles y 5 americanos.
El desafío del Instituto Ecuatoriano de Cultura Hispánica no es menospreciable, hemos
de ser LA vitrina de la cultura hispánica en el Ecuador. Una vitrina policromada y dinámica y ahora acorde con la tecnología
existente.
Seamos francos, en esta era de las nuevas tecnologías de la comunicación de los DVDs,
del Internet, no nos hace falta movernos de nuestros hogares para empaparnos de cultura, ni necesitamos salir para pasar un
martes de cine. Entonces ¿ha pasado la época del IECH?
En absoluto, tengo el convencimiento que es un tipo de foro que está en demanda, porque
justamente nos lleva a casa la cultura, porque nos hace pasar unos martes de cine en donde la película es lo de menos y porque
nos brinda la oportunidad de reconocernos y afirmarnos semana tras semana como hispanoamericanos y como ecuatorianos en una
sociedad cambiante y estrechamente ligada con el exterior.
Vivimos además una época privilegiada en la que somos testigos de flujos migratorios
en dirección opuesta a la del periodo que vio nacer nuestro acervo cultural actual. ¿Imaginan el lujo? Poder ver tantos cambios
en tan poco tiempo.
Aunque nuestras actividades se desarrollen con instrumentos diferentes. Ya son diez mil
los abonados a nuestro boletín electrónico semanal que informa de los eventos culturales en Quito. Nuestra página Web registra
50 visitas diarias y publicamos un boletín escrito que hacemos llegar a nuestros 200 socios mensualmente. Tenemos, igualmente,
la meta de llegar a 1500 participantes en nuestros eventos en este año.
Tenemos un precioso patrimonio que merece ser celebrado hoy y una razón tan cercana a
nuestra naturaleza como las palabras en que describimos nuestros sentimientos y esperanzas. Como decía nuestro querido ex
presidente Rodrigo Fierro en el editorial de la semana pasada “nuestro espíritu se expresa en español.”
Son estos importantes cimientos para seguir construyendo. Hemos de tener los ojos bien
abiertos pues ya ahora hay interesantes fenómenos en marcha. El mundo está llegando al Ecuador y nosotros de igual manera
estamos llegando al mundo. En muchas cafeterías de Barcelona se dan poniendo cafés y se celebran los goles del Tin Delgado
más que del propio Barça. Tenemos universidades que tienen extensiones en Nueva York, Milán y Madrid. Las asociaciones de
ecuatorianos residentes en el exterior tienen centros culturales en todo el mundo y representan actualmente uno de cada seis
ecuatorianos. La cibernética une en muchos espacios virtuales a ecuatorianos de todas las latitudes discutiendo la constituyente.
Al igual que se escucha a Julio Jaramillo en la Casa de Campo en Madrid todos los domingos y conquistan el aire las humitas,
espero también que nuestra literatura permeabilice y que pronto podamos proyectar cine Hispano-Ecuatoriano.
Me gustaría pensar en una Casa de Benalcázar tomada por los jóvenes, invertir en talleres
creativos, estimular el intercambio más allá del mundo académico y reconocer también nuestra cultura precolombina. Son ustedes,
mis queridos amigos quienes deciden y definen los alcances y prioridades de nuestras acciones.
Este es un punto primordial, el Instituto Ecuatoriano de Cultura Hispánica tiene de acopio
principal a sus socios. Hoy es un día de mirar hacia adentro celebrar a quienes nos trajeron hasta este punto y pensar cómo
vamos a continuar a futuro. EL IECH es una bisagra importante en la puerta que nos descubre el mundo hispanoamericano en Ecuador.
Muchas gracias.